martes, 11 de julio de 2017

CARTELERA DE CINE, RESEÑA


POR SALVADOR ROJAS


Para escribir una crónica es necesario dominar varios elementos, primero que nada el autor debe tener una imagen vívida de la realidad y saber mejor que nadie que pasa -o pasó en este caso- a su alrededor, algo que Miguel Acevedo controla muy bien, las imágenes y datos dentro de sus crónicas están dominados, consigue contextualizar la realidad como algo tangible incluso para quien no estuvo para presenciar los hechos planteados.

En este sentido se ve que Acevedo sabe de lo que habla, tiene la referencialidad a la realidad necesaria para escribir una crónica, hace tangible la realidad y nos lleva a su terreno, nos una cuenta la realidad y nos mete dentro de ella, domina el contexto histórico, la cultura chilena. Sin embargo, para escribir crónicas de cine es necesario de una forma igual de importante, saber de cine. Acevedo controla este punto y con creces, CARTELERA DE CINE sirve no sólo como un conjunto de crónicas que entretienen y reflexionan sobre un mundo ya perdido, sobre el mundo de los cines chilenos ; también sirve como una guía para poder interiorizarse en ese mundo, nos habla de títulos de películas, dedicando crónicas enteras a ciertos géneros como el kaiju (los monstruos gigantes) o el terror de los años 60.

También nos guía en el mundo de los cines como tales (como ya lo dije), nos muestra los nombres de los cines, también su extinción en las palabras del mismo autor “varias de estas salas siguieron sobreviviendo, pero unas a una sucumbieron a la feroz modernización capitalista, en su fase neoliberal.” (Cartelera de Cine, pág. 14), nos muestra los vacíos que la “modernización” dejó en Chile, no solo las víctimas directas, también hubo un daño del que no nos dimos cuenta y que recién ahora podemos apreciar, hablo de la destrucción cultural. Este libro es una muestra de esa destrucción, específicamente del cine, nos habla de los cierres de cines, del cambio cultural de recibir películas desde todo el mundo a meramente películas del tipo Hollywoodense, comercial y vacío.

Las crónicas mantienen un estilo crítico y nostálgico, una dualidad bastante particular a mi parecer, la crítica por su lado está vinculada al cambio y por extensión al futuro, a una planificación futura, pero a su vez la nostalgia tiene su raíz en el pasado. El que domine ambos puntos es sólo muestra de la capacidad del autor de tener un ojo en el pasado y otro en el presente, sabe de dónde viene y hacia dónde va.

Un libro absolutamente recomendable, una guía de cine para quienes les interesa el séptimo arte pero a su vez nos enseña una crítica firme al modelo neo-liberal explicando el daño que este hizo a la industria de los cines chilenos, el cómo abandonamos todo ese mundo de anécdotas y paseos domingueros para perdernos en la industrializacion, en lo frívolo e impersonal, ver en este ahora las cadenas de cine como si fueran Mc’donalds y no un arte, algo con un mensaje real. Leer estas crónicas es volver en el tiempo, es cuestionarse la actualidad, algo necesario en estos momentos y quizás empezar un cambio.



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