viernes, 11 de noviembre de 2011

Versos para mi Padre


que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
(Miguel Hernández)

Hace ya dos años, el 10 de noviembre de 2009, murió mi amado padre, René Acevedo Rojas. Hoy le quiero dedicar estos versos de un poeta verdadero, Pablo de Rokha hijo, un miembro más del clan de fuego negro de los De Rokha.
Fueron escritos para su madre, pero interpretan plenamente mis sentimientos.



En los años que van desde tu muerte
me he cargado de pena
y ya no soy el niño que dejaste
desmadejada hiel en un costado.
Quisiera volver
retornar más allá del adiós
de esa mañana
en que morías presintiendo los aromos.
Hay un latido dentro
que me pone tu pelo ante los ojos
cuando salgo de noche a recordarte
a mirarme en abismos
a cantar
Estar solo!
Y qué forma de buscar remedio
allegarme a mi padre
más herido que yo
destrozado en su lapicera de hierro
Madre si pudiera
regresar a ser niño
sin memoria
niño
caramba qué poema
si pudiera
yo no querría vivir
porque es horrendo
estar deshabitado y sin tu nombre.
Sin tu nombre
cuando sólo se perdona a los que han muerto.
si es posible
me quieren
y asisten a mi entierro
cuidando el ruido de los manantiales
vigilando el termómetro celeste
para ir al altar
donde se quema el horizonte
estas lágrimas secas
y ahondas que tú sabes
se cargaron de aguas tiernas
y nadie lloró nunca
tanto
como este pobre animal
que tú engendraste
como este pobre animal herido
que buscaba campanas
al pie de las murallas
sólo tu voz contuvo mi agonía
en ese canto de la piedra suave
cuando salía encadenado de la suerte
y estuvo tu plato en la ventana
llamando a los ausentes
Madre ya voy
espérame en la clave
con que el caracol se duerme en su armonía.
No tardo madre
tú me viste llorar
pero ahora
voy solo
y la muerte
no es salir
es entrar
en esta espesa pulpa palpitante
es bajar la quijada
es retornar
al núcleo de aguas
donde yo nacía

Padre querido
amado camarada
qué solos estamos

(Poema de Pablo De Rokha hijo)

martes, 11 de octubre de 2011

La Guerra que Yo leí.












































Breve y nostálgica revisión de las historietas de guerra

Por Martín Cáceres Renere

Cada fin de semana íbamos al cambio de revistas. Colocábamos el montón de revistas sobre el mesón con cubierta de latón y el librero las separaba una a una, con ojo experto, según el estado en que se encontraran. Luego se inclinaba tras el mostrador y comenzaba a sacar los montones de los cuales íbamos a elegir. Yo siempre elegía las de guerra. Me atraían sobre todo las portadas, y hoy, treinta años después, sigo pensando que son de las mejores portadas que he visto en revistas de cómics, aunque, claro, aún no se hablaba de "cómics"... para mí eran historietas, y si eran de guerra, tanto mejor. La guerra de papel tuvo su auge y su caída, y hoy ya no interesan como género. ¿Cómo puede competir una historieta con las imágenes del noticiero central? La guerra perdió su aura de gesta de hombres simples que defendían una causa (propaganda de los vencedores de por medio), y se coló por la pantalla del televisor como el ajedrez calculado de las grandes potencias, como una gélida estadística de fratricidios y terrorismo, de matanzas anónimas y de ejércitos de última generación.

Al volver del cambio, revisábamos el botín. Y ahí estaban: las revistas de guerra de Zig-Zag, con títulos temáticos: SOS, con aventuras en el mar; U2, con la guerra aérea; y TRINCHERA, que mostraba la lucha de la infantería. El marco referencial era la Segunda Guerra Mundial, el conflicto armado más importante de la historia, que en cinco años dejaría 56 millones de muertos.

Pero las historietas que yo leía no tenían una intención pedagógica sobre el período que trataban. Eran historias sencillas, que narraban actos de valor aún en las más duras condiciones, por lo general dándose grandes licencias en cuanto a su exactitud histórica. Como cualquier género tratado en forma popular, tenía sus convenciones, empezando por unos guiones en los que el espectro de ideas tratadas era mas bien limitado. Los protagonistas eran los aliados, por lo general los Ingleses; el enemigo siempre los alemanes o los japoneses (con el correr del tiempo, los enemigos ya no fueron los alemanes, si no los nazis.).


ESA OTRA GUERRA...!

A veces las historias tenían un trasfondo documental, como en El hombre de hierro, donde se narraba la historia de la cautividad del as inglés Douglas Bader, el piloto sin piernas (GUERRA...! 116), o Bombardeo sobre Japón, con la misión del coronel Dolittle. (GUERRA...! 118). La redención era uno de los tópicos del género, como en El duro camino, donde un altivo piloto de spitfire termina haciendo un trabajo por él antes menospreciado: El de la tripulación de cubierta de su portaaviones de escolta (SOS 22) o la de los soldados ávidos del oro japonés en las junglas de Birmania, los que deben sacrificar su botín tras la voladura de la fortaleza japonesa, a fin de salvar a sus compañeros, en Caprichos de la fortuna (GUERRA...! 143) una idea similar la encontramos en El gigante del mediterráneo (GUERRA...! 116) donde un amoral traficante de joyas sueco se mantiene neutral en Malta a fin de salvar su fortuna. obligado al fin a alistarse, la lucha por la isla lo hace recapacitar y al final dona sus joyas a la reconstrucción de Malta. Las armas secretas y los ingenios fantásticos se podían hallar en El juego endemoniado, (GUERRA...! 136) donde un agente inglés roba y destruye el prototipo del caza 1500, haciéndose pasar por el piloto, en una secuencia que luego veríamos en la película Firefox. Incluso el agente se da maña para llevarse al científico alemán y a su hija a Inglaterra. A falta de documentación- o imaginación- el dibujante opta por dibujar algo así como un Mirage III. En ese mismo número, Paddy Payne se enfrenta al Barco de hielo, amenaza nazi en la forma de un barco portaaviones que puede congelar el océano circundante y atrapar en el hielo a los barcos enemigos. Paddy Payne era una de las figuras protagónicas de U2. La otra era Roberto Britton (Battler Britton en el original inglés), pilotos de la RAF que tenían todo tipo de aventuras, algunas muy inverosímiles, no sólo en el aire, también en tierra y en el mar. Algunas veces, la acciòn se trasladaba a la Primera Guerra Mundial, como en Caballo de Troya (U2 56), donde los pilotos Ingleses desbaratan un plan Alemán consistente en la invasión de tropas transportadas en un gigantesco aeroplano.

Todo comenzó en la Inglaterra del siglo XIX, con la edición de los llamados Pockets, revistas que condensaban historias literarias publicadas en semanarios. Con el tiempo, el pocket pasaría a designar a una revista muy pequeña (17 x 13 aprox., de ahí su nombre) de historietas. La editorial Fleetway empieza a publicar, en la década de los cincuenta, una serie de títulos con aventuras en la segunda Guerra Mundial: Air ace picture library, Battle picture library, Valiant picture library, etc. Las revistas, con portadas a todo color, tenían un interior de 58 páginas en blanco y negro. El éxito de Fleetway fue tal que muchos dibujantes extranjeros trabajaron en alguna de aquellas colecciones: Baste recordar a Hugo Pratt, a Juan Zanotto, a Solano López o a nuestro querido ergocomico Max Carvajal.

Este éxito no pasó inadvertido aquí en Chile. En los sesenta, el cómic era una próspera industria: Empresa Editora Zig-Zag Tenía un amplio catálogo de títulos de diversos géneros, que complementaban la oferta junto a las revistas mexicanas de Editorial Novaro. Fleetway cedió los derechos de sus colecciones bélicas a Zig-Zag, y así nacen SOS, U2 y TRINCHERA. Desgraciadamente, al ser trabajos vía agencia, las historietas no venían firmadas. Nunca conocí los nombres de los autores, a no ser que su estilo los delatara, como el caso de los dibujantes españoles o argentinos antes mencionados.

En Zig-Zag se tradujo y se aplicó color, un color plano y en general sin ningún criterio, que a veces empastaba el dibujo y lo hacía muy confuso, sobre todo en el caso de autores británicos, con su característico estilo clásico de elegantes achurados. El éxito de las revistas llevó a Zig-Zag a crear un cuarto título: GUERRA...!, revista de 64 páginas -el doble que las demás- en las que se encontraban historias aéreas, navales o terrestres. En GUERRA...!, además, se publicaban dossiers sobre el conflicto, biografías y fichas técnicas, con fotos e ilustraciones, siguiendo la pauta de U2 con su "Colección U2", páginas centrales con la historia de los aviones más famosos de la guerra, o TRINCHERA, con su contraportada dedicada a las armas e ingenios de la infantería, ambas ilustradas por Max Carvajal. En blanco y negro en su primera etapa, se editaría luego en color. En algunos números se incluían en la portada los llamativos logotipos de sus revistas hermanas. Zig-Zag publicaba además ESPIA 13, que narraba las aventuras de David Doughty, agente del servicio secreto inglés. En AGENTE SILENCIO, se podían leer las aventuras de Marouf, aristócrata francés aparentemente postrado en una silla de ruedas en su castillo. Estos personajes también se insertaban en el marco de la Segunda Guerra Mundial. El material de ambas revistas venía de Inglaterra.

LA GUERRA EN AMÉRICA DEL SUR

En 1970, Zig-Zag se convierte en Quimantú, la editorial del estado. Tras la reestructuración de rigor, algunos títulos desaparecen: U2, SOS y TRINCHERA se liquidan. Sólo queda en pie GUERRA...!, que durante un tiempo sigue publicándose con material extranjero. Incluso se podían leer las estrambóticas peripecias del Sargento Fury y sus rugientes comandos, personaje creado nada menos que por Stan lee y Jack Kirby en 1963. Tras Kirby, siguió en el dibujo su antiguo entintador, Dick Ayers. Desgraciadamente, la publicación nacional no respetaba la diagramación original, debido al formato de GUERRA...!, llegándose incluso a transforman viñetas, lo que desmejoraba bastante una entretenida historieta. En los 70 termina el envío de material Británico, lo que no supuso ningún inconveniente para la empresa. La guerra de Vietnam estaba en su apogeo, y Quimantú se alineó con el bando agredido, de acuerdo a su ideología. Esto permitió que el material fuera realizado por dibujantes y guionistas nacionales.

GUERRA...! abandona su formato de 64 páginas en blanco y negro -o negro y rojo- y se convierte en una revista de 32 a todo color. Corresponsal de guerra narraba las historias de Alvaro lorca, español, y Roberto Ferrer, chileno, ambos periodistas estacionados en Saigón. Aquí las simpatías estaban claramente de parte del Vietcong y del EVN: el gigante americano era el agresor y sus soldados meros peones mandados al matadero: en napalm, un piloto de Phantom atormentado por los ataques a aldeas indefensas, termina siendo derribado tras destruir su propia base. La reflexión final del corresponsal es elocuente: "Seguramente pasará a la historia de su patria como un traidor. Pero para mí, el capitán Biggart fué un héroe" (GUERRA...! 172).

En Abrazo mortal, una guerrillera del Vietcong se inmola con una granada matando a su amado al enterarse que éste era un espía del sur, (GUERRA...! 176) en un guión que hacía hincapié en la fortaleza y disciplina ideológica de los vietnamitas del norte. Esta visión se complementaba con las historias que Lorca le contaba a su amigo Chileno Ferrer, de su juventud como miliciano rojo en la revolución Española o como maquis en la Francia ocupada. Por lo general, los dibujos corrían a cargo de un solvente Ernesto López, una de las firmas recurrentes de Dr. Mortis. Quimantú, con su política de rescatar nuestra idiosincracia y de trabajar basándose en nuestra identidad, crea los primeros -y hasta hoy únicos- títulos de historietas bélicas con protagonismo chileno: C.O.N.U., Comando Naval operacional Unido, con las historias de unas torpederas de la armada de Chile que velaban por la seguridad de nuestras costas, cuyos episodios eran de corte policial más que bélico, y GAE 13, Grupo Aéreo Estratégico nº 13 de la FACH, quizás el más recordado y querido, gracias sobre todo a los dibujos de Max Carvajal. Juan Bley escribía los guiones a partir de las sugerencias e ideas de Carvajal: El GAE 13 tenía su base secreta en algún lugar de la Provincia de Aysén, desde donde hacía frente a su enemigo emblemático: el Triángulo Negro, organización secreta que pretendía el dominio del continente. Los hawker hunters -aviones de triste recuerdo para muchos de nosotros- luchaban contra los más poderosos y modernos Mirages del Triángulo, los que despegaban desde un fabuloso submarino-portaaviones.

En GAE 13 Max Carvajal se revela como un eximio dibujante de temas bélicos: en Duelo con el pasado, (GUERRA...! 176) los pilotos del GAE se enfrentan a la amenaza del anciano general Von Ohían, de la Luftwaffe Alemana, quién ha creado un enclave secreto en las islas del sur. Es la excusa para que Carvajal haga un guiño a uno de sus temas favoritos: La segunda Guerra Mundial. Tras varias peripecias, el plato de fondo: la lucha entre un hawker-hunter y un ME-262, caza a reacción alemán y recuerdo de la pasada guerra. En la GUERRA...! de Quimantú las portadas tratan sobre todo la guerra de Vietnam, donde sobresalen las espectaculares ilustraciones de Bernardo Aravena. El GAE 13, o el C.O.N.U. también ocupan la portada, con ilustraciones de Hernán Escobar. Tras el golpe de estado de 1973, Quimantú desaparece, y es el fin de la sólida industria chilena de la historieta.

Hace mucho que los cambios de revistas también desaparecieron. Ahora las revistas de cómics se compran para coleccionarlas, no para cambiarlas una vez leídas. El cómic de guerra desapareció como género, aún cuando Fleetway sigue editando, gracias a su sistema de reimpresiones, sus títulos bélicos -caso único de revistas de historietas que siguen en pie tras casi medio siglo de publicación- y lo único que pudimos leer tras el golpe fue lo de la Columba Argentina (El Tony, Fantasía, D’artagnan) donde extraordinarios dibujantes- Lucho olivera, El Chango Casalla, Ricardo Villagrán, Alfonso Mandrafina, y un largo etc.- produjeron notables trabajos de la mano de grandes guionistas, donde sobresalía Robin Wood . De Argentina, además, llegó Skorpio, que también dejaba un espacio en sus páginas para el cómic de guerra, Como el As de Pique, de Juan Jiménez.

Durante los años 90, la Segunda Guerra Mundial tuvo un revival en el cine, con cintas como "Salvando al soldado Ryan", "U-587", "Enemigo al acecho", "Pearl Harbor", etc. Pero nada pudo equipararse a esas revistas ajadas que cambiábamos cada fin de semana, en espera de que los héroes de turno dieran cuenta, cara a cara y a bordo de sus spitfires o stukas, del enemigo que tenían enfrente.
Nota sobre la revista Guerra…!
La revista Guerra….! nace en agosto de 1969 de la unión de U2, S.O.S. y Trinchera, las revistas de editorial Zig-Zag dedicadas al comic bélico. La nueva revista mantuvo la numeración de Trinchera, por lo que su primer número fue el 84. Durante sus primeros años publicó material extranjero, centrado en historias de la Segunda Guerra Mundial, pero cuando la revista pasa a manos de la Editorial Quimantú (abril 1972) comienza a incorporar material de creación nacional y a centrarse en conflictos de actualidad. A partir del número 151, en la revista comienzan a aparecer tres series: Corresponsal de Guerra, que relata las aventuras de los redactores de la revista francesa Combate, Lorca (un español) y Roberto Ferrer (periodista chileno), inmersos en el conflicto de Vietnam; C.O.N.U (Comando Operacional Naval Unido) con las travesías del capitán Alvarado patrullando los mares del sur de Chile y G.A.E. 13 (Grupo Aéreo Especial 13) con las peripecias de un grupo de la FACH. Los guiones son de Juan Bley, Juvenal Niño y Adrian Roca; los dibujos de Max Carvajal, Manuel Tapia, Enrique Calvo, Bernardo Aravena, entre otros. El último número publicado es el 189 (septiembre 1973). De “El chico de los tejados”

jueves, 22 de septiembre de 2011

Los Silenciosos Sicarios Nocturnos











I

Todo está igual, se dijo Miguel. Afuera, el caserío se diseminaba brevemente sobre los cerros, separado por la franja de arena de la playa del mar ancho, que ejecutaba su inmortal sistema de olas, cruzado por cabalgatas de espuma y gaviotas. En el cielo, la luna ocupaba el centro, reinando con su luz sobre el resto de las alturas escarchadas de estrellas. Todo está igual, se dijo Miguel dentro de la casa, viendo como los brujos barajaban las cartas con sus manos pútridas, riendo a espumarajos verdes cuando ganaban los juegos. Y siempre ganaban, ya que Miguel se había acostumbrado a dejarse ganar en esos eternos juegos de cartas que predecían todas las designaciones de tareas que le daban los brujos. Ellos ganaron, guardaron las cartas y le dijeron que debía matar al Guardián de la ciudad sumergida en el lago. Miguel apretó los puños, como siempre; dijo que sí, como siempre.

Aldo se levantó y se puso los pantalones en silencio, mientras ella se sentó en la cama sonriéndole, aún desnuda, abrazándolo con calor agradecido, y él hundió la cara de ella en su vientre y sacó el puñal de su pantalón para clavárselo lentamente en el cuello. Sintió la sangre tibia de ella en su cuerpo y sus propias lágrimas quemándole el rostro. Había cumplido su tarea, los brujos sonreirían entre nubes y hojas amarillas. Terminó de vestirse y se adentró en la noche, en la luna allá arriba, dejando atrás la casa y sin dejar de llorar, pensando en ella. Luego de que los brujos le ordenaron matarla, él llegó al caserío en que la mujer vivía para conocerla. Se hicieron amigos, se hicieron el amor. Y ahora pensaba que cuando charlaron él sintió más que comprensión, cuando se amaron, sintió más que desear su carne en la vastedad de la cama... ¿y acaso eso no era amar? Siguió caminando, fumando un cigarrillo tras otro, mojándolos con sus lágrimas ebrias de noche; su vida antes no había valido, había pasado la juventud sin un sentido y luego lo había encontrado con los brujos, dándole dirección y sistematicidad a sus actos… ¿y qué? De nuevo experimentaba el hacer las cosas sin hacerlas, el respirar en las noches sin nada en el pecho, el habitar cines y días como si fueran un agujero. Caminó sintiéndose leve, suave; como un ser diminuto en medio de colosales piezas de ajedrez desparramadas sobre el planeta desierto. Se dirigía al pueblo de la costa, de espaldas a los cerros más altos, donde se ocultaba el lago con la ciudad antigua en sus entrañas y la casita donde vivía el Guardián con la preciosa muchacha de los ojos verdes. Aldo se cruzó en el camino con Miguel, tomaron la dirección del lago para cumplir la tarea y compartieron sus silencios saturados, hundidos en la ola del viento nocturno.

II

La casita de adobe había estado levantada de hacía mucho tiempo junto al lago. Antes del Guardián había sido habitada por sus padres, por sus abuelos y los padres de los padres de sus abuelos. De niño su mundo había sido el lago transparentado y la ciudad en su regazo, con sus torres escalonadas y sus racimos de cúpulas y capiteles limpiados por el agua. Su padre le había contado que la ciudad la habían construido los indígenas a los dioses para que bajaran de las nubes y vivieran con ellos, pero los dioses no quisieron, preferían seguir acumulando almas en sus mansiones estrelladas, rodeados de heraldos dorados y alabardas. Su padre le decía que todo eso ocurrió hace siglos, antes de que llegaran los conquistadores y llenaran la quebrada en que se alzaba la ciudad con la sangre de los indios, sangre deslavada y aguada por todas las lluvias. El Guardián siempre recordaba esas historias después de haber enterrado a sus padres, y no quería marcharse de ahí, no quería dejar su vida de ahí. La muchacha de los ojos verdes había llegado una noche de lluvia a la casa del Guardián y éste, viéndola mojada por su pena y el agua, la había dejado pasar ahí la noche y la siguiente y todas las demás. Ella venía huyendo de vivir como allegada, de su infancia en la ciudad llena de humo; venía huyendo de caminar por calles silenciosas y de pisar hojas acumuladas por el trabajo del otoño. Se quedó porque le agradó el silencio caballeroso del Guardián, roto por escuetos comentarios, el dormir en una cama pequeña y tibia, sola. Con el pasar de los días, los silencios se fueron llenando de palabras, de conversaciones en las que se sentaban más juntos y el Guardián comenzó a hablarle de su pasado, su niñez llena con los padres y el resto solo con la ciudad rigiéndolo como un dios privado. Compartieron la soledad pasada, como un matrimonio de ancianos que comparten el silencio; hasta que una noche él le dijo que ya no podían vivir de recuerdos, que el pasado no podía ser un eje recurrente que la soledad y la nostalgia llenaran de significados. La angustia se puede pudrir en los corredores del pasado, bajo hojas muertas, le lloró. Ahora vivámonos y yo te quiero niña. Y esa noche se hicieron el amor tan profundamente que cantaron con las estrellas, cayeron como lluvia de esperma blanca sobre el lago. El comenzó a amarla sin parafernalia alguna, sin retórica, sin dobles sentidos, compartiendo el sueño y las subidas a los montes más altos desde donde veían la nube negra que siempre cubría a la ciudad, allá lejos, donde la gente inundaba las veredas cumpliendo la misma rutina diaria, donde los niños lloraban por limosnas entre las callejuelas exteriores y donde los policías apaleaban a los pobres cuando éstos se asqueaban del mismo plato de migajas que comían infinitamente. El Guardián le señalaba las montañas mayores diciéndole que estaba convencido de que eran las ruinas nevadas de las torres de antiguas metrópolis, cuyos habitantes se habían perdido en las tormentas del océano del tiempo. Ella y él aprendieron a compartir todo lo que pensaban, desde las masturbaciones infantiles de él hasta los horrores que surgían del lago en las pesadillas de ella.

III

La noche en que Aldo y Miguel llegaron a la casa de junto al lago, el Guardián y la muchacha compartían el tenue ritual de la cena mirando alternadamente sobre la repisa de la apagada chimenea donde el reloj se había detenido. La luna se reflejaba apenas en el lago cuando golpearon y la muchacha se sobrecogió sin saber porqué. El Guardián le cerró los labios entreabiertos con un húmedo beso, y abrió las puertas para que entraran ellos con un pedazo de noche en sus vestimentas. Miguel se ancló en los ojos de la muchacha, intercambiaron palabras con el Guardián y tras convencerlo de que a ella no la tocarían, salieron. Ella se asomó al umbral viendo como los tres hombres caminaban hasta la orilla del lago, y de pronto en un vivir de estrella fugaz, en un aliento de ella, los sicarios desenfundaron sus armas y dispararon una y otra vez sobre el Guardián, sobre su cuerpo quebrándose, sobre el grito de Ella. El cuerpo del Guardián se estremeció como una rama en el suelo pisada por una larga marcha, pie y pie, paso y paso. Finalmente se desplomó sobre sus propias entrañas para que los asesinos lo levantaran en vilo y lo tiraran al lago. La muchacha corrió llorando, viendo como el cuerpo se hundía hasta el fondo, donde habitaban los seres que había cuidado. Allí quedó ella, de rodillas entre Aldo y Miguel, llorando. Aldo quería abrazarla, pero solo apretó los dientes entre su propio sollozo que ya brotaba. Miguel volvió a anclar en ella, comprendiendo el significado del último sueño que había tenido.

...Aurora golpeaba a su puerta y salían a caminar por la tarde, compartiendo la alegría de ella, atreviéndose él a decirle lo que sentía sin reticencias, invitándola a que le ayudara a romper el laberinto cerrado que hasta entonces habían sido sus años....
Hacía unos pocos años atrás, en plena juventud, él conoció a Aurora, una adolescente que cambió de raíz sus emociones y el eje sobre el que intentaba mover su vida. Aurora era una niña sencilla, tan sencilla como la gente que él intentaba dejar atrás, tan sencilla como su madre, como él mismo. Poco a poco se hicieron amigos y esa amistad se transformó en la costumbre de poblar juntos las tardes y compartir el té, comenzando a desear él, sin atreverse a decirlo, que vivieran juntos, para que sus existencias cobraran sentido. Pero habían ido cambiando, se fueron alejando, ya que como es natural, nadie se queda al lado de la gente que realmente quiere. Después él conoció a los brujos y lo demás fue pasado. Pero siempre que había referencias a unos ojos verdes como los de Aurora, Miguel pensaba en encontrarla de nuevo, acompañado de su deseo secreto como un peso muerto dentro de él. Y hacía unas pocas noches atrás había soñado con ella, despertando con todas esas emociones muriéndosele en la boca. Y ahí, a su lado, ahora, estaba Aurora, la muchacha de los ojos verdes era Aurora, tan cerca, tan al alcance de su mano que no se atrevía a tocarla. No se dijeron nada. Miguel no abrió la boca para decir Aurora o algo así. Solo sintió la extensión oscura dentro de las palabras de Aldo que le decía que habían matado a la muchacha también, que pese a encontrarse allí, cálida, humedeciéndose, viva, la habían matado y ya era irremediable; tan irremediable como el cadáver en el fondo con las ruinas submarinas, tan irremediable como ellos. Se miraron a gritos mudos, a golpes contenidos. Se dijeron lo que nunca se dice nadie y caminaron hacia los árboles mientras Aurora continuaba de rodillas, secándose las lágrimas, sollozando de nuevo. Los vió alejarse como el viento; Aldo, con la mujer muerta al centro de sus palabras; Miguel, con Aurora quemándole como una brasa. Aurora entró a la casa, lavó los platos, hizo la cama mutua y se tendió callada en ella. Escuchó dos disparos más perforando el mundo de esa hora. Golpearon a la puerta, abrió y allí se hallaba Miguel con el cielo en los ojos, pidiéndole que vivieran, que no la dejaría y que los brujos podrían terminar de pudrirse. La muchacha le mostró la casa, enseñándole que aún era del Guardián y de ella, le acarició y concluyó con un suave no. No hubo más. Miguel se perdió de vista y Aurora salió afuera de nuevo, a la madrugada con su frío, portando lana y palillos. Se inclinó, sentándose junto al lago con los pies en el agua y se puso a tejer una bufanda, un chaleco, una mortaja.
Y cuando la termine, bajará a ponérsela al Guardián para que no tenga mucho frío.

Miguel Acevedo M.



Publicado originalmente en 2002 en El Lugar Sin Nombre.

domingo, 4 de septiembre de 2011

TIRAS TRÁGICAS: ¡¡llévame, robot!!














por Christiano
“Esta tira fue pensada y realizada en grafito el 2000. Ahora el 2011 es re-encontrada en un cofre misterioso, entintada y coloreada por su dibujante favorito...”

viernes, 26 de agosto de 2011

domingo, 21 de agosto de 2011

Temponauta


(Viajero en Junio - redux)

FICHA TÉCNICA

Versión 1992:

Dirección: Mario del Castillo
Historia: Miguel Acevedo - Mario del Castillo
Guión: Mario del Castillo
Producción: Greta Estévez - Mario del Castillo
Música: Radioestación
Actores: Rodrigo Marquet, Antonia Ortega, Luis Dubó, Sergio Piña.
Santiago de Chile.

Versión 2011:

Fotografía y restauración digital: Mario del Castillo.
Música: Radioestación - Looking for Satellites.

Se trata de un corto realizado en video Hi8. La primera versión de este trabajo fue realizada en 1992 dentro de las actividades de la muestra "Identidad-Mundos Paralelos" realizada en conjunto por el Goethe Institut de Santiago de Chile y la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Esta primera versión recogía elementos provenientes del radioteatro y la fotonovela, ambos géneros muy populares en Chile durante las décadas de los 60s y 70s. Buscaba juntar una típica historia de terror de la noche de San Juan en Chile con la narración simple y directa de la fotonovela.

En el proyecto participaron, entre otros, Rodrigo Marquet, Antonia Ortega, Luis Dubó y Sergio Piña. Estos actores buscaron imprimir en el trabajo el espíritu de película muda que se mantiene también en la versión redux.

En 2008, surge la idea de revisitar el proyecto aprovechando la tecnología digital para editar una versión definitiva del corto utilizando los master de cámara disponibles. La presente versión redux es un giro a la historia narrada en la versión de 1992, centrándose esta vez en el concepto del salto en el tiempo y eliminando los elementos de cuento de terror para llevar el corto al campo de la narración fantástica con inspiración indirecta en "Algo para nosotros, Temponautas" del escritor estadounidense Phillip K. Dick. Digitalizar y publicar en línea una versión definitiva de este trabajo era un sentido deseo desde hace años pensando en ello también como homenaje a Rodrigo Marquet.



http://www.taller51.com/index.php?option=com_content&view=article&id=73&Itemid=29

sábado, 13 de agosto de 2011

En homenaje al rescate de los mineros...



Por qué no te subes a esta cápsula a chorro y te quedas abajo para siempre, conchetu...?



Y de paso te llevas contigo a tu gabinete de Chacarillas (marcha de 1977).



Ustedes SABEN de quien estoy hablando!








martes, 2 de agosto de 2011

La Presencia


Nyar era muy pequeño cuando recién nos lo trajo Flavio. Recuerdo que lo traía en un bolso negro y al abrir la cremallera él asomo su cabeza al día del living de mi casa, con su curiosidad y su ruido peculiar llenando el ambiente. A los vecinos sólo los extrañó, pero lenta y sordamente, sistemáticamente, los fue horrorizando a medida que crecía, y en verdad crecía, tanto que lo tuvimos que trasladar al patio del fondo, y una mañana como todas, apartando el velo de los cantos de los pájaros, la señora Leticia salió al balcón del segundo piso de su casa, que domina nuestro patio, y gritó. Gritó al verlo y botó el macetero que siempre sale a alimentar con su regadera, diciéndole luego a todos que Nyar era el culpable de la muerte de sus pobrecillas flores.

La cosa no quedó allí. A los vecinos se les ocurrió que Nyar salía de la casa y se comía a sus gallinas (desaparición que me consta, pues un día la Alejandra me hizo pasar a su patio para que viera que faltaban dos gallinas y de paso admirara lo bien que se veía con minifalda). Empezamos a pelearnos con todos, mi hermano ya no saludaba a los muchachos de la esquina y mis padres no decían ni pío, cuando alguien les iba a contar que había desaparecido su mascota. La única que no blasfemaba contra nuestro Nyar era Anita, la niña de la casa del frente. Ella siempre miraba jugar a sus hermanos menores a la pelota y a las puteadas, con su short y su polera blanca, mostrando el orbe claro de sus piernas y brazos infantiles y femeninos. Conoció a Nyar cuando no asustaba a nadie, y luego pasaba a verlo al patio, fascinada por el horror que a todos producía (menos a nosotros, por supuesto).

A mí en especial me gusta mirar el crepúsculo reflejándose en los ojos de Nyar, como se va escondiendo el sol abajo de sus pupilas y, poco a poco, se apaga el color del atardecer en su mirada y sólo queda el tono oscuro de ella contra la mía. Lo otro que me gusta es la cara que pone el lechero cuando pasa en su carrito y siempre salimos a comprarle algo, leche o quesillo, cuando antes ni lo inflábamos.

Una tarde en que yo dormía la siesta, sentí los gritos de Nyar llenando mi sueño, rasgándolo, y luego los alaridos que venían de todas partes de la villa, y desperté en medio del silencio más grande, sin cantos de gallo ni ladridos de perro, sin mis padres ni mi hermano en la casa. El sol ya se había puesto y el arrebol de las nubes se degradaba segundo a segundo. No se sentía nada, ni el viento moviendo las copas de los árboles.

Salí a mirar a la calle y sólo entreví dentro de las casas el mismo brutal desorden de la mía, recordando los gritos que sentí en sueños, que había comenzado al lado mío casi, y se habían ido alejando, saliendo de otras gargantas espantadas. Ahora recuerdo el miedo que siempre le tuvimos a Nyar, desde que comenzó a crecer en forma inusitada, llenando el patio con su presencia; el miedo que se dibujaba poco disimulado en nosotros, y nada de disimulado en los demás, desde que comenzó a salir y efectuar sus correrías que mi familia negaba, pero en el fondo del alma sabíamos ciertas. Ahora no está ni siquiera Anita con su perturbadora belleza infantil. Y yo sé que Nyar va a volver en medio de la noche sin nadie más entre él y yo.

Va a volver y lo estaré esperando, claro que lo estaré esperando.

Miguel Acevedo



(Publicado originalmente en 2003 en El Lugar Sin Nombre. Ver también el remozado Cajón Desastre, de Bblogzine.)

sábado, 23 de julio de 2011

Amy Winehouse

"He muerto cientos de veces"

Se ha apagado una de las voces más bellas de estos tiempos, y nuestra alma, por enésima vez, vuelve a la oscuridad. Pero tú sigues con la frente y tu voz en alto, y esa melodía nos seca las lágrimas...
Adiós hermosa mujer, con voz de negra y corazón de punky. Tu vida brilló mil veces más que todas las cucarachas que hoy te atacan, y cuya cacofonía nadie va a recordar, pero tú seguiras cantando para nosotros.

jueves, 14 de julio de 2011

Facundo Cabral


Aunque no siento simpatía por las prédicas cristianas que Facundo Cabral daba en sus recitales, no puedo dejar de lamentar su muerte. Habría que ser de piedra para no haberse emocionado con canciones-poemas como "No soy de aquí, no soy de allá", simple y directa oda a la libertad.

Es vergonzoso y sintomático de los medios de comunicación nacionales, dedicados a mirarse el ombligo (o a mirar hacia Estados Unidos y Europa), que apenas hayan hablado del asesinato de este cantautor. Mientras que, por ejemplo, cuando murió Michael Jackson, ícono de la música comercial, transmitieron, repitieron y comentaron esa noticia durante días.

Cerró el Café Samoiedo...

































(de Viña del Mar)
Imágenes del Samoiedo, tomadas del blog "Mi álbum de recortes"
http://melisa-detodounpoco.blogspot.com


miércoles, 6 de julio de 2011

3 POEMAS









1
A medianoche
el chofer
y los dos
dentro del taxi
como si toda la noche
no fuera más
que nosotros
dentro del taxi.
El chofer conduce
y nosotros riendo
porque tú quedaste
afuera de tu casa
pero toda la noche
es la casa
y tú y yo con el chofer
en el taxi
somos parte de ella,
viéndola pasar a nuestro lado
por las ventanillas.


2
Toda la pieza tímida
se ha refugiado tras la cortina
y sólo quedan tus manos,
tu figura con los codos
apoyados en la mesa
para recordar
que el reloj sigue su marcha
junto con las frases
que dieron vueltas entre nosotros
para luego hacerse un peso muerto
cayendo con las horas.



3
Saludos, compañeros,
desde la república proletaria de Santiago.
La he declarado zona libre
en honor a una mujer.
¡Qué mierda!
He inaugurado un culto a la personalidad
llenando las calles
con sus estatuas y fotos.
Y que importa
si todo se hace ruinas
o sólo queda en mi cabeza,
si total ella siempre será un telón de fondo
que me siga,
esté yo en la polvareda
o en los pozos de tortura.
Me acompañen otras manos
o apenas un vaso de cerveza.

Miguel Acevedo

(Publicado por primera vez en el 2003, Taller 51/lugarsinnombre.)

sábado, 18 de junio de 2011

Versos para un amigo (y su madre)


A mi querido amigo José Manuel Espinoza, quien perdió hace poco a su madre, Violeta, que fue su mamá y su papá. Te conozco desde que eramos niños, y la cercanía, y hoy el recuerdo, de tu madre me acompaña a través de los años. A tu perdida le quiero dedicar estos versos de Mario Benedetti. Disculpa si estas líneas cultivan tu dolor, pero su tono melancólico va muy de acuerdo con mi estado de ánimo en estos días.

Postdata: quizás ese viejo buzón de tiempo está, invisible, en el antejardín de tu casa, donde pasamos muchas, muchas tardes de nuestra infancia.




Buzón de tiempo


En el buzón de tiempo se deslizan
la pasión desolada / el goce trémulo
y allí queda esperando su destino
la paz involuntaria de la infancia /
hay un enigma en el buzón de tiempo
un llamador de dudas y candores
un legajo de angustia / una libranza
con todos sus valores declarados


En el buzón de tiempo hay alegrías
que nadie va a exigir / que nadie nunca
reclamará / y acabarán marchitas
añorando el sabor de la intemperie
y sin embargo / del buzón de tiempo
saldrán de pronto cartas volanderas
dispuestas a afincarse en algún sueño
donde aguarden los sustos del azar

Mario Benedetti

domingo, 29 de mayo de 2011

El antiguo Cine Diana…





(Imagen de cartagenacultural)
En la crónica "King Kong en Cartagena", hablo sobre los desaparecidos cines de ese popular balneario del Litoral Central, en los años 70 y 80; el Central y el Francia. Pero hace tiempo que me daba vueltas el recuerdo de una sala más antigua, el cine Diana, frente a la Playa Chica. El cine Diana cerró sus puertas, y luego abrió el cine Francia. El Diana estaba frente a la playa pero alejado de la Terraza, hacia el sur. Tras su fin como sala cinematográfica, reabrió sus puertas como discoteque, y en los últimos años 70 como efímera pista de patinaje, en pleno furor de la moda infanto-adolescente de los patines.
La última imagen que he visto del extinto Cine Diana (porque hace años que no voy al recordado balneario de mi infancia), fue la fotografía que ilustra este texto, y que nos habla de apenas unas ruinas, un fantasma evocando el ejercicio de la memoria.

Un querido amigo mío llama entropía a esta debacle de la antigua Cartagena.
Yo le llamo capitalismo.


miguel acevedo

jueves, 19 de mayo de 2011

Texto en una Libreta


Video

(Imágenes de algunos planos remasterizados y de la primera versión de Texto en una Libreta)

FICHA TÉCNICA

Versión 1991:
Dirección: Reinhardt Schulz - Mario del Castillo
Guión: Reinhardt Schulz
Producción: Mario del Castillo - Maite Lobos - Greta Estévez
Música: Jorge Díaz
Actores: Ludwig Schaad, Patricio Pimienta, Alberto Zará, Rossana Gianini, Gloria Muñoz, Isabel Silva, Pamela Jara, Luis Bozo, Gabriel Reyes

Santiago de Chile.

Se trata de un corto basado en el relato Texto en una libreta del escritor argentino Julio Cortázar. El trabajo fue realizado durante el invierno de 1991 y rodado en formato vídeo. Se editó una primera versión de alrededor de 20 minutos de duración que fue exhibida en el Festival de Video arte del Instituto Chileno-Francés de Cultura de Santiago de Chile en noviembre de ese año.
El proyecto contó con el apoyo de la facultad de artes de la Universidad de Chile y el Metro de Santiago de Chile. Asimismo, colaboraron los actores Patricio pimienta, Alberto Zará, Ludwig Schaad y Gloria Muñoz, entre otros. En las labores de producción colaboraron Maite Lobos y Greta Estévez.
En 2008, surge la idea de revisitar el proyecto aprovechando la tecnología digital para editar una versión definitiva del corto.
En abril de 2010 comienzan las conversaciones para retomar el proyecto con la revisión del guión original y dando ideas para grabar algún material nuevo que sirva de puente para las modificaciones que se han pensado.
Hemos montado un piloto en el que se puede apreciar el resultado de una primera prueba de remasterización digital tanto de la imagen como del sonido de una de las escenas del corto.
Actualmente estamos en proceso de definir la estructura final del nuevo guión y las locaciones para rodar algunos planos nuevos.





sábado, 14 de mayo de 2011

jueves, 12 de mayo de 2011

Adiós, Sarah Jane Smith























Murió Elisabeth Sladen, Actriz de la popular serie Doctor Who



LONDRES, 20 de abril (ANSA)- La actriz británica Elisabeth Sladen, que protagonizó el popular programa televisivo “Doctor Who” y la serie infantil “The Sarah Jane Adventures”, murió a los 63 años tras sufrir de un cáncer, según informó hoy la BBC. La actriz nacida en Liverpool había actuado en “Doctor Who” entre 1973 y 1976, junto a los actores Jon Pertwee y Tom Baker.
Sladen estaba casada con el actor Brian Miller, con quien tuvo una hija.
“Es con mucha tristeza que anunciamos que Elisabeth Sladen, la tan querida actriz que hizo de Sarah Jane Smith en ‘Doctor Who’ y que trabajó para la serie ‘The Sarah Jane Adventures’, murió esta mañana”, declaró un portavoz de la BBC.
Sladen hizo su debut en la pantalla grande en la película de 1956 “Ferry Cross the Mersey”, y obtuvo su primer papel teatral como Desdemona en “Otelo”, antes de actuar en seis episodios de la novela británica “Coronation Street”.
También hizo apariciones en varias series televisivas, incluidas “Z-Cars”, “Public Eye”, “Some Mothers Do ‘Ave ‘Em” y “Special Branch”. (ANSA). MRZ
Fuente: Ansa.it

Tom Baker, que interpretó al cuarto Doctor Who, dijo "Me consuela la memoria de los días felices, el recuerdo de una Lis amable, aguda y con mucho talento. Estuve allí, la conocí, fue buena conmigo y siempre le estaré agradecido y la echaré de menos".


Querida Sarah Jane, que hermoso fue ese capítulo de la temporada del 2006, "Reunión escolar", cuando te reencuentras con el Doctor (interpretado por David Tennant), la Tardis y siempre con tu querido K-9.
Sé que incluso los Daleks lamentarán tu muerte, aunque nunca lo van a confesar, por supuesto.
Yo veía el Doctor Who en el inicio de los años 80, en el paso de mi infancia a la adolescencia, y precisamente eras tú la compañera del Doctor en esos capítulos que pasaba en las tardes el canal 13, y que no me perdía al llegar del liceo, o que veía con mi padre los días domingo (y mi padre era otro admirador del Doctor Who).
Siempre te voy a recordar como en una de las fotos que ilustra este texto, junto a la Tardis y con tu amado K-9. Esa imagen hoy me alegra el corazón, aunque es una alegría melancólica.
Sarah, somos muchos los que en esta y otras galaxias, no te vamos a olvidar.
M. A.

sábado, 7 de mayo de 2011

Respuestas al atardecer



"Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?
(…)
Venid a ver la sangre por las calles…"

Los pájaros volvieron, ellos siempre vuelven. Y la metafísica se quedó por ahí, un poco abandonada, un poco polvorienta. Y la sangre que había en las calles de esta ciudad se secó con el tiempo, pero yo no la olvido. No puedo olvidarla, porque cada cierto tiempo, vuelve a correr por las avenidas.
En las tardes grises salgo a caminar, y la sonrisa de un niño me disipa la melancolía. Y cuando camino, los gorriones que pasan volando me recuerdan mi niñez.


miguel acevedo

Ciudad nocturna

Por las calles de la ciudad, deambulaban los muertos vivos. En las azoteas, las gárgolas acechaban a sus potenciales víctimas. Y en los subterráneos, los túneles y las estaciones del metro, merodeaban los feroces hombres-lobo.
Sólo quedaba una opción: despertar.

miguel acevedo

domingo, 24 de abril de 2011

El Vendedor de Espejos



versión 1
Te veo frágil, escaneo tus miles de arrugas sin piedad en un segundo. Y pienso "Vendedor de espejos". Mi risa aflora chocando con tus ridículos artefactos de realidades. Y en ese momento me veo reflejado, el espanto recorre mi cuerpo, me veo frágil, escaneo mis miles de arrugas sin piedad...
@gata




versión 2
En pleno centro lo vi, un viejito vendiendo espejos. Se parece a mi padre, pensé. Le pregunté por el precio, pero eran caros y como antiguos. Le di una moneda, pero no para calmar mi conciencia, sino porque me dije "¿y si mi padre hubiera sido un mendigo?". Seguí el camino a casa después de otro día de trabajo, pensando que la ciudad es como un río, y su curso nos va dejando en distintas orillas... de la vida.
miguel acevedo

viernes, 22 de abril de 2011

Otra vez Mabuse









Encontró el manuscrito en una tienda perdida en el centro de la ciudad, y corrió con el por los pasadizos ocultos que unen el tren subterráneo de Santiago con el metro de Viña del Mar. Iba profundamente emocionado. Y durante todo el viaje pensó en los planes que podría fraguar, los grandes golpes, los mapas super secretos que se le revelarían, ahora que por fin había hallado el testamento del Doctor Mabuse.



Miguel Acevedo

martes, 12 de abril de 2011

Aurora


por Radioestación


Música basada en el cuento "Los Silenciosos Sicarios nocturnos". El relato fue publicado en formato digital en el desaparecido sitio web "El lugar sin nombre".

Música editada oficialmente como de libre distribución.


Para escucharla o descargarla, haz click aquí.


Descripción del álbum (en inglés):


This album was inspired by "Los Silenciosos Sicarios Nocturnos", a short story by chilean writter Miguel Acevedo.

The music was part of a short movie project conceived in 1998 and inspired in the same story as well. From that project only the music was completed.

As an experimental - electronic soundtrack, AURORA, was created using voices, samples, loops and keyboards in a proposal that blends analogue and digital recordings. This is the edit version from 2002.

All tracks by Mario del Castillo, except Girando [Sammana-Reisende remix] by Pedro Puentes and Mario del Castillo.


Mario del Castillo: Keyboards, Electronic drums, Guitar, Samples, Loops, Voices, Radiowaves and broadcast recordings.

Tamara Larraín: Voices in Aurora and El Lago [repique].

Pedro Puentes: Loops, electronic drums and mixing in Girando [Sammana-Reisende remix].

Claudia Castillo Sandoval, Carmen Gloria López, Daniel Rey: Voices in Zovase.


Original recording: September 1998. This edition: September 2002.


Art:

Photography: Mario del Castillo.

Model: Francisca Coddou.

sábado, 2 de abril de 2011

Postdata al cuento “Julián Cruzando el Abismo”

Por Miguel Acevedo

“Julián Cruzando el Abismo” lo escribí en 1998. Fue publicado originalmente en el desaparecido sitio web “El Lugar sin Nombre”, y luego tuvo una segunda edición digital en el Cajón de Sastre de Bblogzine, pero como El Cajón de Sastre estaba en geocities.com, también pasó a mejor vida (no así el blog Bblogzine, que sigue gozando de excelente salud).
En este relato se nombran a algunos escritores malditos, como Baudelaire, Lovecraft, Sara Crowley o Errol Undercliffe. Undercliffe fue inventado por el escritor Ramsey Campbell, en su libro “Demonios a la luz del día”, donde le dedica la sección “Errol Undercliffe: un tributo”. Ahí aparece la narración “Los párrafos de Franklyn”, donde relata las estremecedoras circunstancias de su desaparición en 1967. Y también se incluye el cuento “El intruso”, supuestamente escrito por el propio Undercliffe. Hay que añadir que ambos son impactantes relatos de horror.

A continuación, reproduzco una nota sobre Undercliffe que aparece en dicho libro:
“Errol Undercliffe es un escritor de Brichester cuya obra empieza a ser conocida por el gran público. Vivía aislado del resto del mundo, y ni siquiera le conocían los editores de Spirited, un fanzine de Brichester. Se rumorea que participó en una mesa redonda de la Convención de Fantasía de Brichester del año 1965, pero no se le ha encontrado en foto alguna del evento. Desapareció en 1967, a la edad de 30 años, mientras efectuaba una investigación en el área de lo psíquico. La mayoría de sus relatos eran puestas al día de temas clásicos de lo macabro. La totalidad de su obra ha sido recopilada en la enorme antología Fotografiados a la luz de un relámpago. El director de cine coreano Harry Chang, gran admirador de Undercliffe, acaba de terminar una película que contiene tres historias basadas en cuentos suyos, Sueños rojos.”

Para terminar, les quiero señalar que “Los párrafos de Franklyn” se llama así por el ocultista Roland Franklyn, autor de la obra “Abandonar este mundo”. Y sobre la escritora Sara Crowley, ya habrá tiempo para hablar sobre ella, más adelante.

Bibliografía:
“Demonios a la luz del día”, Ramsey Campbell. Ediciones Martínez Roca. Barcelona, 1988.
“Abandonar este mundo”, Roland Franklyn. True Light Press. Brichester, 1964.

El Futuro de la Humanidad...


El futuro de la humanidad está en la energía nuclear...

viernes, 18 de marzo de 2011

jueves, 17 de marzo de 2011

Julián Cruzando el Abismo




Julián dejo a un lado el libro que estaba leyendo recostado en la cama. Se levantó, salió de la habitación y entró en el pequeño living. Se puso la chaqueta que tenía apoyada en el respaldo de una silla. Abrió un cajón del escritorio y sacó su personal stereo y dos cassettes-uno de Venom y el otro de Coil-. Después levantó el doble fondo del cajón y sacó una tarjeta magnética y una daga pequeña y afilada, que se guardó en un bolsillo disimulado de la chaqueta. “Julián”, le dijo su madre. Entró a su pieza, donde la señora en silla de ruedas estaba en la penumbra. Julián prendió la luz y habló con ella, que le preguntó si iba a salir. Le contestó que sí; había sonado su biper, y tenía que irse. Cerró la cortina que había en la entrada de la pieza de su madre y salió de la casa. Afuera, el viento mecía las hojas de las copas de los árboles, y la vereda por la que caminaba estaba llena de hojas caídas. Y a había oscurecido y las estrellas y un pedazo de la luna se veían entre las nubes. Tomó el microbús en la avenida Ramón Cruz. Se sentó al lado de la ventana y puso el cassette de Venom en su personal. Mientras viajaba en la ciudad de noche, la guitarra, el bajo, la batería y la voz bramaban en sus oídos. Se bajó en avenida Providencia, a la altura de la estación del metro Pedro de Valdivia. Sacó la tarjeta y entró a un bancomático. Ahí, quedó frente a la pantalla del cajero automático y la cámara de video, que dejó enseguida de grabar imágenes. Julián rió levemente; le agradaba usar tecnología de vanguardia para comunicarse con los brujos. Le hacía comprender que los alardes de la era digital eran sólo una capa de maquillaje sobre el abismo. A fin de cuentas, la humanidad seguía viviendo sobre el lomo de una ballena. Presionó uno a uno los botones que había a los lados de la pantalla, en sentido inverso a la dirección de las manecillas del reloj. Luego digitó el número 216 y esperó unos segundos. Una foto salió por la ranura de la máquina; era la cara de una mujer joven, de pelo largo y oscuro. Al dorso había un nombre y una dirección. Julián salió del cajero automático con la faz ensombrecida. La cara y el nombre de la mujer-Marcela Lavey- le recordaba en forma vaga a una compañera de curso que había tenido en el liceo, en segundo medio. Cada vez se acordaba más de ella, y ya estaba seguro de que eran la misma persona la mujer que le habían asignado y su compañera, a la que no veía hacía más de doce años. Tomó el metro y se bajó en la plaza Italia. Subió y cruzó la Alameda mirando de reojo las cámaras de video y los cuarteles de policía móviles estacionados. Al pasar por el parque forestal vio a varios punks en el césped y los escaños. Mientras cruzaba el puente sobre el río Mapocho, vio a algunas adolescentes de ropas de cuero negro, con la cara enblanquecida y los labios azules, rojos fuego o negros. Al adentrarse por calle Pío Nono, se cruzó con un grupo de muchachos con ropas y maquillajes que les hacían parecer unos extras de un film sobre vampiros. Dobló por una bocacalle lateral y se detuvo frente a la dirección indicada. Era una tienda, llamada “El Culto”. Ya sabía que iba a hacer en el caso de que Marcela lo recordara, o en la variante de que no lo hiciera. Empujó la puerta y entró.

A su espalda quedó la noche de Santiago. Una mujer vestida de negro, levantó la mirada desde el rincón donde estaba sentada leyendo, y le quedó mirando. Luego se paró y se encaminó-sonriendo- hacia él. “Julián ¡tantos, pero tantos años!”, le dijo. Le dio un beso en la mejilla y le habló frases poco conexas sobre lo que ella estaba haciendo, y lo que había hecho. Brotaron a la vez recuerdos en común. “¿Te acuerdas del paseo de curso de final de año?”. “Oh...esa noche en la terraza de Cartagena...los cabros bañándose en el mar oscuro.” Marcela le mostró el local, donde se vendían libros, cómics, cassettes, discos compactos, películas en video. La tienda era de un tío de Marcela, pero ella había elegido el rubro de ventas. Había clientes fijos, le confesó a Julián. Este hojeó los cómics, los cassettes. Había grabaciones de grupos metálicos underground, nacionales y extranjeros. Libros de Lovecraft, Robert Bloch, Clive Barker y el escritor maldito inglés Errol Undercliffe. También había libros en inglés, un par de la colección “Abyss” y un volumen de narraciones breves de la escritora Sara Crowley. Marcela le tomó apenas la mano y acercó a Julián a la estantería con los videos. Allí vio películas de John Carpenter, Tsui Hark y el director coreano Harry Chang.

-Aquí estás nadando en lo que te agradaba, ¿no?- le dijo Julián a Marcela, acariciándole levemente el pelo. Salieron de la tienda casi a las diez de la noche. Marcela cerró y le propuso que fueran a su refugio. Arrendaba una pieza un poco más allá, hacia el río. Julián caminaba junto a ella, adivinando su bello cuerpo bajo la falda y la chaleca, recordando sus piernas juveniles miradas en los recreos del liceo. Le preguntó que leía ahora, señalándole el libro que llevaba en la mano izquierda. -Ah, son poemas de Baudelaire-, le dijo sonriendo. Mientras caminaban, Julián sentía que su corazón quería salírsele por la boca, pero sabía controlarlo. Hay que hacer lo que se debe hacer, pensó. De hecho, él cruzó el umbral del abismo y su conciencia le decía que la caída en el precipicio no disponía de un camino de regreso. En la pieza de Marcela las horas siguieron su marcha. Se sentaron en el suelo, sobre unos cojines. Julián recogió un fanzine que se llamaba “Los misterios del gusano”, y hojeó los dibujos y los párrafos apretados. -¿Tú escribes aquí, Marcela? -Sí-, le respondió ella. -¿Y firmas con tu nombre? -Casi, casi. Firmó lo que escribo como Ella Lavey- le dijo, y echó a reír. Sin darse cuenta, luego estaban conversando sentados en la cama, y una cosa fue hacia la otra. Una mano acariciando el pelo, la cabeza de ella apoyada en su pecho-“Qué agradable es que nos hayamos encontrado”- y los labios y las lenguas unidas en un beso prolongado. Se sacaron de a poco la ropa, y Marcela le inquirió si andaba con condón. El se descolocó un poco, y respondió que no, pero le murmuró al oído. Ella sonrío no muy convencida, pero más besos y caricias calientes los ablandaron más a ambos. Marcela se puso de espaldas, levantó las nalgas y separó sus piernas. Julián la penetró por atrás, despacio, con delicadeza. El dolor que los dos sufrieron un poco, dio paso a algunas lágrimas de puro gozo. Luego Marcela se durmió junto a él. Era la una de la madrugada.


Julián pensó, mirando al cielo raso y los pocos muebles, fumando. A las dos su decisión era firme, como una roca parando las olas de sus recuerdos al medio de la noche. No iba a fallarle a los brujos. Su vida y el bienestar de su madre-inválida desde hacía algunos años- estarían asegurados cumpliendo con su deber. Nadie vive de la memoria. Fumó un último cigarro.


Le dio un beso muy suave a Marcela, en la nuca. Se incorporó en silencio y sacó la daga de su chaqueta. Se acercó a la mujer, que comenzaba a despertarse, y le abrió la garganta. No alcanzó a quejarse. Fue al mínimo baño, lavó la hoja asesina y la sangre sobre su cuerpo desnudo. Luego se puso la ropa y volvió a salir a la noche. Antes de irse, tomó unos cabellos largos de Marcela que había en la almohada y los guardó en el bolsillo.


Caminó hasta el río Mapocho, y arrojó en sus aguas la foto de la mujer. Después hizo parar un taxi, y se dirigió hacia un barrio en el sector oriente de la ciudad. Le dijo al chofer que se detuviera, cuando llegó al lugar que le había indicado. El conductor le dijo el precio del viaje, y Julián se inclinó hacia él, le agarró el cuello y con la mano derecha sacó su arma silenciosa y lo degolló. La sangre del taxista cayó sobre el manubrio y sus piernas. Julián bajó del vehículo, y caminó nueve cuadras. Se detuvo al frente de una casa grande y oscura, sin ningún foco encendido cerca. Pasó un furgón policial y con el rabillo del ojo le pareció ver que el oficial a bordo le hizo un gesto de saludo. Se puso nervioso. Abrió la reja y cruzó el jardín; en el suelo había hojas caídas. La luz de la noche y los ladridos de los perros lo acompañaron hasta el zaguán, donde se abrió la puerta. Eran las tres de la madrugada.


En la amplia sala a oscuras, había una mesa y tres viejos sentados en sillas de cuero alrededor de ella. Un poco más atrás, había otro anciano. Sus caras estaban ensombrecidas por los capuchones de sus abrigos, pero no había ojos en las cuencas vacías. Las manos se descomponían sobre la mesa y un olor a corrupción y cadáver llenaba la estancia. Julián se acercó hacia ellos, y dejó los cabellos de Marcela sobre la mesa de gruesa madera, en la cual había además cuatro velas –la única luz en la casona-, un mazo de cartas y una hoja de oficio con algunos nombres impresos en ella. Contó paso a paso lo que había echo, añadiendo el saludo del policía y remarcando que no había usado guantes, por lo que sus huellas eran fáciles de hallar en la pieza de Marcela y en el taxi.


“No te preocupes muchacho. No te preocupes”, la dijo el anciano del fondo. Después, el de la derecha le informó de que tendría un compañero. No era bueno ser un sicario solitario, pues algunas cosas se pueden hacer solo, y a su vez hay misiones más complicadas y delicadas. Cada ejecución es como una obra distinta, y algunas necesitan más de un personaje. El brujo de la izquierda comenzó a barajar el mazo.
Se encendió un equipo de sonido, y la música de Vivaldi llenó la estancia. Julián pensó que eso era como la banda sonora de una película, donde él era uno de los protagonistas. A sus espaldas sonaron pasos y se dio la vuelta. Se acercaba a él un hombre joven que le sonrió en forma sincera, pero sin alegría.
- Julián, el es Pablo- dijo la voz de uno de los brujos.
Ambos se dieron la mano.


En Santiago, el tiempo sigue fluyendo con el curso del río Mapocho; con los vehículos que recorren calles y avenidas cuando cruzan la ciudad; con las fogatas que se encienden y apagan para darle calor a los marginales en las poblaciones, y con los pasos de Pablo, Julián y algunos más que caminan en dirección al siguiente asesinato.

Miguel Acevedo

lunes, 7 de marzo de 2011

La Muerte de los Cines de Santiago Centro: Anexo






































Para complementar el artículo "La Muerte de los Cines de Santiago Centro", he subido las siguientes imágenes de mi archivo: el afiche del estreno de "Galáctica, astronave de combate", del estreno de "La Invasión de las Arañas", de " La Guerra de las Galaxias", y una cartelera de los cines, del 19 de octubre de 1978.


(Hagan click sobre las imágenes para agrandarlas).




domingo, 20 de febrero de 2011

La Muerte de los Cines de Santiago Centro



Hace ya varias semanas atrás, cerró el cine Gran Palace. Si a eso le sumamos el cierre del Hoyts del paseo Huérfanos (donde estaba el antiguo cine Rex), ya casi no quedan cines en el centro de Santiago. Están el Cine Arte Normandie (que se mantiene a pesar de los embates de los elementos y del mercado) y el Cine Arte Alameda, pero un poco en la periferia de lo que todos comúnmente llamamos “el centro”. Y sin contar las salas que exhiben cintas triple X (como el Nilo, el Mayo o el Capri), lo que estamos viendo es lisa y llanamente la muerte de las salas de cine, en una zona que estuvo caracterizada precisamente por su existencia. Su servidor creció en los años 70 y 80 (la década del 80 aún está en pleno revival aquí en Chile), y cuando con mis amigos íbamos al centro, un panorama seguro era ir a ver una película al cine. Sea con mis papás, o luego sólo con mi hermano y mis amigos, se podía ir al Windsor, al Ducal, al Rex, al impresionante cinerama del Santa Lucía, al Bandera, al Central, al Huérfanos, al Huelén (que se especializaba en dar cine infantil), al Victoria, al Astor o al Lido. Alguna vez también existieron el cine Metro, el España, el Toesca y el Alfil. Y además estaban las salas que daban las películas luego del estreno, solas o en programas doble, como el City, el York, Cinelandia o el cine Río. Y también los inolvidables cines de barrio, como el California o el cine arte de la Universidad Católica, en la plaza Ñuñoa. Y el mítico cine Prat, en el barrio Franklin… (cito a mi hermano: “el punto es que si hubiese existido tarjeta de socios del cine Prat, nosotros hubiésemos sido los primeros en la lista” http://poetalandia.blogspot.com/2008/05/otra-sobre-king-kong.html )
En los 90 y hasta los primerísimos años 2000, varias de estas salas siguieron sobreviviendo, pero una a una sucumbieron a la feroz modernización capitalista, en su fase neoliberal. Algunas se remodelaron y trataron de adaptarse al nuevo aspecto, y dinámica, del negocio cinematográfico, volviéndose multisalas, y con una confitería más al estilo yanqui, pero estaban en sus últimos estertores y nada las pudo salvar, ni a las hace muchos años extintas salas del multicine Rex, ni al renovado cine Gran Palace. Los últimos días fueron sin pena ni gloria. Y más de alguien habrá pensado cínicamente, que no hay lugar para la nostalgia ni la melancolía en el reino del business.

No he sido riguroso en esta nota, ni pretendía serlo. No están nombradas todas las salas del circuito cinematográfico de Santiago centro, ni mucho menos los numerosos cines de barrio. Solamente quería recordar que hubo vida antes de los 2000, antes de los pop corn y los estrenos simultáneos de una película en Chile y en Estados Unidos, antes de los esnob que creen que la creación audiovisual nació con Internet, antes de los “creadores” eternamente becados por los Fondart, o de los consumidores que entran al complejo de salas actual y ven cualquier película que se haya estrenado. Y donde la crítica de cine (con escasas y honrosas excepciones, por supuesto) es simple exaltación de las cintas más comerciales, entrega de datos de taquilla, recaudaciones y costos en dinero, entrevistas sin ningún contenido a la fugaz estrella de moda, y otras lindezas que se supone serían propias de un “crítico de arte”, (hoy sólo comentarista de espectáculos). Qué lejos estamos de los años en que se estrenaba kaijú en el cine (como “La Guerra de los Monstruos” o “La Furia de King Kong”, ambas de Ishiro Honda), o en un plano muy distinto, pero igual de extraño para la supuestamente glamorosa realidad de hoy, se podía ir a ver “100 niños esperando un tren” en plena dictadura militar, cuyos censores la catalogaron para mayores de 18 ó 21 años, con tal de poner trabas a su exhibición, y donde los protagonistas no eran actores que luego del estreno comercial se les iban los humos a la cabeza, sino niños de un taller de séptimo arte en la población Lo Hermida… (Y por favor, por estos párrafos no me vengan después con que soy de los superficiales con nostalgia del pasado mejor, que lo más terrible que les pasó en esa época era que no podían carretear tranquilos en la madrugada por culpa del toque de queda. Tengo la memoria intacta, y estos no son mis únicos recuerdos de los años de la dictadura de Pinochet, y lo joven que era no me impedía saber lo que pasaba a ojos de todo el mundo).
A fin de cuentas, la muerte de los cines de Santiago centro, lo único que logra es volver un poco más fea a esta ciudad.

Para terminar, los invito a leer un muy buen texto sobre el desaparecido cine Lido, en el siguiente enlace:
http://www.mabuse.cl/articulo.php?id=86440


“Teatros no Cines: Se suele incurrir en una pequeña confusión cuando se recuerda que los cines de esa época eran denominados teatros. El motivo es porque los propietarios no sólo exhibían filmes en sus dependencias, sino también lo combinaban con funciones teatrales, cuyas compañías muchas veces eran de gran número, según fuesen las condiciones del recinto.” ( Cines de Santiago Centro, por Alberto Angerstein y otros, en Cinema Paraíso, número 1, mayo 2005)

Miguel Acevedo

sábado, 19 de febrero de 2011

King Kong en Cartagena


(Ya en la recta final de este mes de febrero, quiero compartir con ustedes este texto sobre los veranos de mi niñez. Ya ha sido publicado en Bblogzine y en Poetalandia)
En los años 70 –y hasta inicios de la década de 1990- había en el popular balneario de Cartagena dos cines. Uno era el cine Central, que quedaba en la calle Casanova casi al llegar a la Plaza de Armas, y que estaba pegado a la iglesia más importante de la ciudad. Y el otro era el cine Francia, ubicado al comienzo de la conocidísima Terraza, paseo obligatorio de todas las noches, y junto a la concurrida Playa Chica. Todos lo veranos era religiosamente obligatorio para mí, mi hermano, mis padres y mis tías y tíos ir a esos cines, a ver los estrenos del año anterior, repuestos ahí para aprovechar el público de la temporada veraniega. Y el verano de 1978 fue el verano de King Kong, la gigantesca octava maravilla del mundo.
Durante 1977 habían estrenado en Santiago la superproducción “King Kong” (1976), dirigida por John Guillermin y producida por Dino de Laurentiis, y unas semanas antes un distribuidor local, aprovechando la inminente llegada a las salas de esta cinta, aprovechó de estrenar “La Furia de King Kong”, con un cartel similar al de la película de Laurentiis, pero que en realidad era “King Kong Escape”, cinta japonesa de 1967 dirigida por el legendario creador de películas de kaiju eiga (monstruos gigantes con cremallera incluida) Ishiro Honda. Cabe señalar que en esta cinta nipona, un Kong de ojos azules se enfrentaba en su isla misteriosa a una serpiente marina y a un tiranosaurio que lanzaba patadas voladoras, y luego en el clímax que tenía lugar en Tokio, combatía contra Meca-Kong. Bizarrísima. En los diarios de la capital incluso salió publicado un aviso, donde otros distribuidores cinematográficos recalcaban que esta película no tenía nada que ver con el inminente estreno que todos esperaban*. Bueno, así que ese verano tuvimos a Kong en la playa por partida doble, en la versión japonesa y en la versión gringa, yendo a ver esta última unas cuatro veces (¡si, cuatro veces!) para admirar a la hermosa Jessica Lange cuando era joven, y ver la inolvidable batalla final de Kong contra los helicópteros en la cima de las hoy inexistentes Torres Gemelas. Debo confesar que prácticamente en la última de esas ocasiones en que me repetí la película, fui recién capaz de no taparme los ojos y ver completa la secuencia en que Kong le abría el hocico a la serpiente gigante contra la que luchaba a los pies de las montañas donde quería subir con su amada. Todas las funciones en el cine Central fueron con la sala llena. Y luego, en las tardes de los días siguientes, después de la bajada a la playa de rigor, y tras tomar once con el infaltable pan de huevo, jugábamos con los amigos de ese verano en la calle con un gorila de juguete comprado en cualquier parte, y que para la ocasión obviamente era Kong, luchando contra otros monstruos inventados por nosotros.
Un par de veranos después reestrenaron “King Kong” en el cine Francia. Recuerdo haber pasado junto al cine en la noche, de camino a la Terraza, y había una fila de público esperando para entrar a la última función. Realmente King Kong fue un éxito de taquilla en Cartagena.
No voy a hacer aquí una crítica cinematográfica del film de Guillermin, que no he visto de nuevo hace muchos años. Me parece que es de esas películas que con el paso de los años logra volver más notorios sus defectos, cosa que no pasa con la cinta original de 1933. Lo único que quiero señalar es por qué fui a verla tantas veces, y parto aclarando que no fue por Jessica Lange. En el afiche oficial de la cinta, Kong salía sobre las Torres siendo atacado por varios helicópteros militares, y con un jet ardiendo en la mano. Pero en otro de los afiches Kong salía rodeado sólo por jets de combate**, y yo esperaba que en una de las ocasiones en que volvía a ver la película pasaría eso, que cambiaría el final y efectivamente Kong sería atacado por los famosos jets. Pero obviamente eso nunca ocurrió, por más veces que viera de nuevo la cinta. Como tampoco se materializó en ninguna función la secuencia que prometía otro de los carteles publicitarios alternativos de la película, donde Kong salía luchando contra la serpiente gigantesca en los muelles de Nueva York. Pero lo que si ocurrió fue que el tiempo pasó inexorablemente en Cartagena. El Cine Francia cerró sus puertas hace años. Ya no se puede ir ahí a ver la última función de la tarde y salir luego a la noche, cargada del ruido y el sabor del mar. Y la última vez que vi el cine Central, se había convertido en una iglesia evangélica, donde tanta gente busca alienarse, para escapar a la alienación cotidiana. Pero el mar y los bosques aún continúan rodeando esa pequeña ciudad, y la cordillera de la costa sigue a sus espaldas. Y cada noche, si uno aguza los oídos y la imaginación, se pueden escuchar los gritos portentosos del rey de los monstruos, del gorila gigante que definitivamente dejó sus huellas en las calles de la Cartagena de nuestra infancia.

Miguel Acevedo


Notas:
*”La Furia de King Kong” llegó a las salas santiaguinas (cines Bandera y Santiago) el lunes 23 de mayo de 1977. Y el King Kong de Guillermin y De Laurentiis llegó a la cartelera nacional el 4 de julio del mismo año, siendo estrenado en los cines Windsor, Victoria, Plaza, Las Condes y El Golf de la capital, además de llegar a salas de las ciudades de Valparaíso y Concepción.

** En realidad, esos carteles cinematográficos de 1976-1977, con los jets sobre las Torres iconos del capitalismo, rodeadas de humo y fuego, eran bastante premonitorios.

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